CARTA AL LECTOR
UN CURSO DE AGUA SIMBOLIZA LA VIDA
Desde tiempos inmemoriales, el hombre se ha afincado a la vera de los ríos y los arroyos que le permitieron desarrollar sus actividades en armonía con el medio las aguas de esos ríos constituyeron la base de su subsistencia, siendo utilizada para beber, para la cocción de alimentos o para el riego y cultivo de plantas comestibles. En otro caso, arboles que sirvieron para la construcción de refugios contra las adversidades climáticas, se convirtieron en leña o en materia prima para la fabricación de embarcaciones usadas en la exploración y el intercambio cultural.
Los peces, habitantes de las aguas antes de que el hombre llegara, en gran medida aportaron las proteínas que sirvieron de alimento en forma de carne, harinas o aceites. Todo parecía funcionar en un grado de armonía tal que nada hacia suponer que esta situación pudiera
cambiar. Sin embargo, el crecimiento demográfico, la industria, la desidia, la ambición y el descontrol han llevado al colapso a muchos cursos de agua. Lejos están los tiempos en que el riachuelo albergaba a las especies autóctonas que solían verse en la gran aldea.
La contaminación y la depredación parecen no tener limites. Esta situación se manifiesta hoy en la localidad entrerriana de Villa Paranacito, siendo el Río Uruguay hostigado por kilómetros de redes que no reconocen selección ni fronteras.
Sabemos que la pesca es un recurso renovable, pero ¿sabemos cual es el limite?. El sentido común indica que antes de someter a un ambiente a la explotación comercial deben realizarse los estudios necesarios para que el impacto producido por esta actividad no
modifique el equilibrio existente.
De estos resultados se desprenderán los métodos, técnicas y cupos, como así también las
reglamentaciones y entes de control. Al parecer hoy existe una explotación "sui generis" y, sin lugar a dudas de continuar esta situación llevara a la zona de los bajos del Uruguay al colapso. Y junto a él a la comunidad de villa Paranacito, que nació y se desarrollo a la vera de los cursos de agua que alguna vez simbolizaron la vida.
Hector Deibe.